Sábado, 28 Enero 2012  
1ª Iglesia Cristiana Evangélica de Colmenar Viejo (Madrid)
Evangelismo Jóvenes 2011
Viernes, 09 de Diciembre de 2011 14:31

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OBRA EVANGELÍSTICA por el GRUPO DE JÓVENES - 2011 -

Ya podéis visitar en nuestro Albúm de Fotos, un extenso reportaje sobre la Obra Evangelística representada por el Grupo de Jóvenes de la Iglesia en las plazas más concurridas de Colmenar Viejo y Manzanares el Real.

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 Manzanares

 

 
Estudios Cristología III_b
Lunes, 29 de Agosto de 2011 14:01

ESTUDIO SOBRE CRISTOLOGÍA

ESTUDIO 3
EL CRISTO ENCARNADO (2ª PARTE)
POR DANIEL SAGUAR

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Marzo-Abril 1999. Nº 188. Época VIII.)

Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.

2. La plena y Perfecta Humanidad de Jesucristo. Aunque hemos adelantado ya, al tratar de la unión de la naturalezaJesús con los Doctores divina y la humana en la sola persona del Cristo encarnado, lo más esencial en la formulación doctrinal acerca de su perfecta humanidad, hemos de volver brevemente sobre el tema para aportar el soporte bíblico necesario a las afirmaciones hechas.
Permítasenos aclarar que el enunciado de este apartado responde a la intención de recalcar tanto la completa (plena) humanidad de Jesús, como su perfección moral como hombre.
Es cierto que vivimos en un momento de la historia de la dogmática en el que se hace más necesaria una apología de la divinidad de Jesucristo que de su humanidad, frente a las tendencias a presentar un Jesús meramente humano, en el que el único rasgo de divinidad sería su perfección humana, que le hizo partícipe, en una medida superior al resto de la humanidad, de esa naturaleza divina inmanente o infusa en el universo. Así pues, pocas dudas acerca de su humanidad habríamos de contestar. Sin embargo, el tema debe seguir interesando al creyente preocupado por la claridad, en sus conceptos bíblicos. Como señala L. Berkhof: “Es muy importante sostener la realidad e integridad de la humanidad de Jesús admitiendo su desarrollo humano y sus limitaciones humanas. El esplendor de su deidad no debe acentuarse tanto que se oscurezca su verdadera humanidad.” (1)
Por otro lado, ya vimos, al considerar la necesidad de la unión hipostática, las implicaciones de ambas naturalezas en orden a la expiación y la salvación, señaladas por este mismo autor.
A modo de presentación de los diferentes aspectos de la perfecta humanidad de Jesús en los evangelios, citaremos un párrafo de E.Y. Mullins: “Somos impresionados en los evangelios sinópticos con la perfecta humanidad de Jesús. Aquella humanidad se ve en la vida de su cuerpo con sus limitaciones, su hambre y sed, su necesidad y dependencia. Se ve que crece mentalmente en sabiduría, así como físicamente en estatura. Se ve en la realidad de las tentaciones que sufrió. Éstas las venció sin caer en el pecado, pero no eran por esto menos reales. Su humanidad también se ve en su dependencia del Espíritu Santo. Se ve finalmente en el cumplimiento gradual del propósito de su vida y misión bajo las condiciones terrenales del tiempo y del espacio.” (2)
Otro asunto previo a considerar, es el ya expuesto de la unicidad de la persona de Cristo. Para lo que vemos muy adecuada la puntualización de F. Lacueva: “Recordemos, con la declaración de Calcedonia, que en la única persona del Hijo de Dios subsisten dos naturalezas: la divina, por la que Jesucristo es igual al Padre y al Espíritu Santo, aunque se despojase de la gloria correspondiente al tomar ‘la forma de siervo’; y la humana, por la que es totalmente igual a nosotros, incluidas nuestras debilidades naturales, excepto el pecado.” (3) Y también las de L. Berkhof: “La naturaleza humana de Cristo como tal no constituye una persona humana… El Logos tomó esa naturaleza (humana) haciéndola subsistencia personal consigo mismo. La naturaleza humana tiene subsistencia personal en la persona del Logos.” (4) 

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Estudios Cristología III
Viernes, 19 de Agosto de 2011 22:03

ESTUDIO SOBRE CRISTOLOGÍA

ESTUDIO 3
EL CRISTO ENCARNADO (1ª PARTE)
POR DANIEL SAGUAR

(Publicado en la revista EDIFICACIÓN CRISTIANA, Enero-Febrero 1999. Nº 187. Época VIII)

Permitida la reproducción total o parcial de esta publicación, siempre que se cite su procedencia y autor.

Introducción

Jesús calma la tempestadSerá inevitable volver sobre algunos asuntos que ya han sido tratados en la introducción general a esta serie monográfica y al considerar la realidad del “Cristo Eterno”, que ha de permanecer siempre como fondo en toda exposición cristológica. Nos afirmamos pues en el propósito de mantener el enfoque “descendente-ascendente” o “de arriba-abajo”, tal como lo encontramos en el N.T., y en nuestra adhesión a la confesión de fe de Calcedonia (año 451), como intérprete del sentir de la ortodoxia cristiana de los primeros siglos, ya manifestada previamente en los concilios de Nicea (325), Constantinopla I (381) y Éfeso (431). Y aquí se nos plantea otro dilema, la necesidad de realizar alguna incursión en la historia de la doctrina, sin dejar de ser respetuosos con el trabajo de quien tiene el tema de las “Controversias Cristológicas”. Pero procuraremos no ir más allá de lo estrictamente necesario.
Por otro lado, al tratarse de un tema de gran complejidad teológica, por lo menos en la primera parte, nos veremos obligados al uso de una tercera terminología a la que tal vez no están habituados algunos de nuestros lectores, y que por amor a ellos hemos de explicar o simplificar, donde sea posible. Por ello, es muy probable que los más versados en la materia encuentren este trabajo demasiado elemental, pero preferimos poder llegar a todos. Además, ni pretendemos ni tenemos la capacidad para sentar cátedra de teólogos.
Nos resta decir, que por la necesidad de ajustarnos al espacio, hemos dividido este estudio en dos partes. Lo que por otro lado ofrece la ventaja de tratar primero los asuntos más propios de la “teología dogmática”: La unión hipostática, con sus derivaciones; para considerar en la segunda parte lo que atañe más directamente a la “teología bíblica”: La Humanidad de Jesucristo y sus títulos de Mesías, Hijo del Hombre y Postrer Adán. Dejando los denominados “0ficios de Cristo” para el último trabajo de la monografía.

 1. La unión hipostática
Abordamos este difícil tema al considerar al Cristo encarnado, o su humanidad, aunque el término hypostasis, sustancia, la única vez que aparece en el N.T. en relación a Cristo, se refiere a lo subyacente en la manifestación en carne del Hijo eterno, como revelador final y exhaustivo del Ser Divino al que pertenece: “el cual, siendo el destello de la gloria y la impronta (o exacta representación) de la realidad sustancial (hypostasis) de él (dios)… “ (He.1:3) (1) Esta es una referencia a la unidad sustancial en la Deidad, lo que es distinto del concepto teológico de la “unión hipostática”, o de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona (o hipóstasis) de Cristo, que se desarrolló como definición doctrinal posteriormente, otorgando el término esencia a esa unidad del Ser e hipóstasis a cada una de las tres subsistencia o personas. Ello supone, sin duda, un cambio semántico que consideraremos en el punto siguiente, junto con otros implicados en las formulaciones doctrinales sobre la perfecta humanidad del Dios y Hombre verdadero.
De la complejidad de este asunto da testimonio Charles C. Ryrie, cuando escribe: “Este concepto de la unión hipostática…, de la naturaleza divina y humana en una Persona es probablemente uno de los conceptos más difíciles de comprender en la teología. Ninguno de nosotros ha visto alguna vez la Deidad a excepción de la revelación que tenemos de Dios en las Escrituras, y ninguno de nosotros jamás ha visto la humanidad perfecta a excepción de cómo las Escrituras nos revelan a Adán antes de la caída y a nuestro Señor. El tratar de relacionar estos dos conceptos con la persona de Cristo añade complejidades a ideas que de por sí son difíciles de comprender”. (2)

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